Contenido:
- Introducción
- El sendero de ocho pasos de Patanjali para alcanzar samadhi
- Ekagrata – Concentración unidireccional
- Transcendiendo la mente. Permaneciendo en la pura consciencia
Introducción
Hoy día el yoga y la meditación son bastantes populares en la cultura occidental. Los centros de yoga se llenan de personas que quieren mejorar su bienestar físico y mental. Aunque las practicas realizadas en estos centros tiene su origen en las enseñanzas de los rishis, estos sabios de la antigua India nunca imaginaron que sus prácticas un día se utilizarían como ejercicio físico y control del estrés.
Para los antiguos rishis, la práctica del yoga y la meditación se consideraban elementos esenciales de un proceso de crecimiento espiritual con el objetivo de alcanzar la iluminación.
Hace más de 1.500 años, Patanjali compuso su famoso Yoga Sutras, considerado, incluso hoy día la escritura fundacional de la práctica de la meditación yóguica.
Los sutras son cortos aforismos utilizados para presentar la sabiduría espiritual en una manera concisa y sistemática. Los 196 sutras del texto describen un excepcionalmente poderoso sistema de meditación.
A la palabra yoga se le suele dar el significado de unión, basándose en su relación con la palabra inglesa “yoke”, yugo. Pero en sánscrito hay tres raíces verbales de las que puede derivar: juntar o unir, meditar y refrenar o controlar.
El mismo Patanjali la describe como citta vritti nirodhah, el control de las actividades mentales. Utilizando la palabra yoga tanto para indicar meditación como control.
Los Yoga Sutras son tremendamente analíticos por naturaleza. Su énfasis no está en la práctica sino en la teoría y en las definiciones técnicas muy útiles para los eruditos debido a su precisión. Los practicantes pueden beneficiarse tremendamente de muchas ideas brillantes encontradas en los sutras. Quizás la más significativa sea su división de la práctica yóguica en ocho pasos individuales, ocho angas o ramas, por lo que es, comúnmente conocido, como Ashtanga yoga.
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El sendero de ocho pasos de Patanjali para alcanzar samadhi
Patanjali define la práctica fundamental del yoga como citta vritti nirodhah, la completa contención de los vrittis, todas las actividades de la mente, que podemos dividir en tres grandes categorías: pensamientos, emociones y sensaciones.
Además, hay una cuarta clase de vritti de gran importancia, el ahankara o ego, la “yo-idad” el sentimiento de ser una persona individual. Según Patanjali, para alcanzar samadhi hay que refrenar las cuatro clases de vrittis producidos por tu mente.
Patanjali prescribe un sistema de ocho ramas o angas a través de los cuales puedes refrenar esos vrittis y alcanzar samadhi:
- Yamas – prohibiciones.
- Niyamas – mandatos.
- Asanas – posturas.
- Pranayama – control de la respiración.
- Pratyahara – retraimiento de los sentidos.
- Dharana – concentración.
- Dhyana – meditación.
- Samadhi – absorción.
Tanto los yamas como los niyamas, tienen por objetivo facilitar una vida, en lo posible, libre de conflictos; están dirigidos a ser practicados a lo largo de toda una vida, facilitando, al evitar el conflicto en tu vida, poder tener una mente pura que permita avanzar en los otros pasos.
Los siguientes pasos continúan preparando tu cuerpo y tu mente para seguir profundizando en la práctica, asana¸ la postura, a la que sólo dedica un sutra. Debe ser sthira firme, estable y sukha¸confortable. Y pranayama el control de la respiración, para conseguir relajar la mente y el cuerpo.
Así, las emociones son controladas a través de yama y niyama, que te ayudan a liberarte de los conflictos y obtener madurez emocional; las sensaciones se controlan a través de asana, sentándote confortablemente en un lugar seguro y, para controlar los pensamientos, se necesitan los pasos más profundo de esta práctica, comenzando con pranayama.
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Ekagrata – Concentración unidireccional
Los cuatro primeros angas del sistema de Patanjali (yamas, niyamas, asanas y pranayama) son llamados bahiranga sadhana¸ o prácticas externas, porque implican materias externas a tu mente.
Los cuatro angas finales son llamados antaranga sadhana¸ prácticas internas, porque afectan directamente a tu mente.
Pratyahara o retraimiento de los sentidos. Los sentidos, incluyendo la mente, el sexto, tienen que ser retraídos de cualquier contacto con el mundo exterior. Igual que una tortuga que recoge sus miembros y cabeza.
La clave para pratyahara es concentrar la atención en un solo punto, un solo vritti o evento mental. Ese estado se llama ekagrata, unidireccionalidad.
Ekagrata es el objetivo de dharana¸concentración, que es el sexto anga. La mente debe concentrarse en un alambana, un objeto elegido de meditación. Es mejor elegir un alambana que no esté asociado al cuerpo, como un mantra sagrado.
Dhyana prepara tu mente para ir más allá de ese alambana y descansar en un perfecto silencio. Pero, ¿cómo contener el pensamiento verbal? Patanjali propone, en vez de intentar cortar el flujo de pensamientos, redirigir ese flujo hacia tu alambana. Por ejemplo, el ininterrumpido flujo de mantras es el estado de dhyana.

Se describe el estado de dhyana como un chorro de aceite que lenta y constantemente se vierte en una vasija. Aunque el aceite está constantemente fluyendo, el chorro parece perfectamente quieto, debido a que el flujo del aceite es tan uniforme.
De la misma manera, el perfectamente uniforme flujo de mantras en tu mente hace surgir una experiencia de profunda quietud. Hasta que la repetición del mantra surge automáticamente, sin ningún esfuerzo en absoluto, lo que es crucial para alcanzar samadhi.
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Transcendiendo la mente. Permaneciendo en la pura consciencia
Samadhi es el objetivo final de la meditación yóguica. Para alcanzarlo es preciso practicar los dos anteriores pasos dharana, concentración, y dhyana, meditación con mucho esfuerzo, hasta conseguir refrenar completamente todas las actividades mentales.
Este mismo esfuerzo es un obstáculo porque supone un control mental. Patanjali utiliza un método más sutil. En vez de intentar refrenar el flujo de pensamientos te instruye para redirigir ese flujo hacia tu alambana. Por ejemplo, si tu alambana es un mantra, su continua repetición impide que surja ningún otro vritti. Así, la poderosa corriente de ¸pensamiento verbal puede ser reemplazada con un constante, ininterrumpido flujo de mantras, que constituye dhyana.
Con la práctica intensa y durante suficiente tiempo, se produce una especie de impulso interno, un ímpeto o fuerza mental; el mantra comenzará a surgir espontáneamente, sin esfuerzo en absoluto, lo que puede conducirte a samadhi.
Los meditadores en el estado de acción sin esfuerzo experimentan la desaparición o ausencia del ahankara o ego, el sentimiento de individualidad. En la meditación es importante distinguir dos aspectos diferentes del ego, el karta, el sentido de “yo estoy haciendo algo” y el bhokta o experimentador.
Cuando la práctica de dharana y dhyana crean el impulso suficiente para que la repetición se haga espontánea, sin esfuerzo de voluntad, entonces el “yo soy, yo estoy meditando” desaparece. Lo que puede hacer surgir en el meditador un sentimiento de contento absoluto y total plenitud. Un estado de krita krityata, en el que todo lo que necesita ser hecho está hecho.
Pero, para ir más allá de dhyana y contener completamente todos los vrittis, tienes que dejar de lado tu alambana¸ tu objeto de meditación también. Luego, el esfuerzo de tu práctica puede conducirte a un estado de completo silencio, de perfecta paz y quietud, en la que finalmente el bhokta puede desaparecer, y con él la percepción del tiempo y el espacio.
Patanjali dice que, entonces, habitas en tu verdadera naturaleza como pura consciencia; el estado de kaivalya, unicidad, cuando tu verdadera naturaleza únicamente permanece.
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