Una guía para el meditador de la mente y la consciencia

Las técnicas de meditación son instrumentos para la exploración interior. Utilizando esas técnicas adecuadamente, la meditación puede ser un viaje de descubrimiento que conduce a profundas perspectivas que cambian la vida, ayudándote también a cultivar la paz interior y una satisfacción duradera.

Vamos a ver algunas ideas importantes:

Cuando cierras los ojos para meditar es posible que observes sonidos extraños, picores, molestias corporales, así como multitud de pensamientos fluyendo por el paisaje de tu mente sin control. Para gestionar ese flujo creciente de pensamientos, es útil rastrear su origen, por eso es tan importante familiarizarse con el paisaje de tu mente y todas sus características.

Una de las características de la mente es la importancia del pensamiento verbal. Somos criaturas intensamente verbales, por lo que no es de extrañar que el pensamiento verbal persista cuando intentamos meditar. ¿cómo detener ese flujo incansable de palabras?

Una poderosa técnica es enfocar tu atención en lo que percibes con los sentidos, observar las sensaciones sin utilizar palabras. Esta observación es la base de una importante práctica conocida como meditación de plena consciencia o mindfulness, también llamada vipassana  por los budistas, y sakshi bhava,  en sánscrito, el estado de ser un testigo.

La clave para la meditación de plena consciencia es observar todas y cada una de las sensaciones que surjan sin hacer ningún comentario mental sobre ellas, sin nombrarlas o hacer juicios, cultivando la ecuanimidad, lo que ayudará a que tu mente no sea arrastrada por el pensamiento verbal.

Otra poderosa técnica utilizada en la meditación de plena consciencia es observar la respiración en todo su recorrido mientras inspiras y expiras. Enfocar tu atención en la respiración te ayuda a permanecer como el observador de sensaciones en lugar de cómo el pensador de pensamientos. También ayuda a mantener tu atención fija en lo que está pasando, en el aquí y ahora.

Muchas horas de práctica son necesarias para superar el pensamiento verbal. Es muy importante tener en cuenta que la meditación es una habilidad aprendida que necesita tiempo y práctica.

La práctica principal y básica para su dominio consiste en que cada vez que tu mente se vea arrastrada al pensamiento verbal, tomar nota mental de que esto ha sucedido y suavemente volver la atención a las sensaciones y la respiración.

Dos técnicas pueden ayudarte hasta conseguir una práctica firme. La primera es utilizar un sankalpa,  una resolución antes de comenzar a meditar, por la que das permiso a  tu mente para dejar de lado tus preocupaciones sólo durante la meditación.

Otra, si el pensamiento verbal persiste, es cambiar del foco de atención desde tus sensaciones y respiración, a observar tus pensamientos, sin juzgarlos. Puedes categorizar tus pensamientos etiquetándolos como “recuerdo”, “emoción”, “preocupación”.


Pero, no eres un mero observador de tu mente. También puedes dirigir sus actividades, puedes moldear tu paisaje mental, cultivar el jardín de tu mente.

Basándonos en esta perspectiva, vamos a examinar algunas prácticas de meditación en las que deliberada y voluntariamente diriges las actividades de tu mente. En particular concentrando tu atención en un objeto de meditación elegido o contener tu mente de hacer cualquier cosa.

Ésta es la práctica enseñada por Patanjali en sus Yoga Sutra, una colección de aforismos sánscritos de hace 2.500 años.

Su texto es la base para la mayor parte de las prácticas de meditación que se desarrollaron en la India Antigua, la meditación yóguica.

Los Yoga Sutra  te enseñan cómo entrenar o disciplinar tu mente y cómo concentrar tu atención. El objetivo de esta práctica yóguica es alcanzar samadhi, un profundo estado de absorción.

Patanjali define la meditación, dhyanam, como el flujo continuo de pensamientos idénticos dirigido hacia el objeto de meditación, llamado alambana, en sánscrito, que significa soporte.

Puedes utilizar muchos alambanas:  la llama de una vela, un sonido especial como Om, un mantra tradicional como Om Namah Shivaya, una deidad colocada en un altar o una imagen sagrada visualizada en tu mente.

En la meditación yóguica hay que restringir el campo de atención sólo al alambana¸ como un rayo de luz estrechamente enfocado que ilumina sólo una cosa.

 Esta capacidad de concentrar estrechamente tu atención en el alambana es una habilidad aprendida; cada vez que tu mente se distrae, la traes suavemente de vuelta al alambana  una y otra vez.

Date cuenta de que en la meditación yóguica el objetivo no es silenciar la mente; Patanjali define la meditación como un flujo continuo de pensamientos idénticos, tu alambana¸ formando una cadena o secuencia. Cada pensamiento es seguido por otro pensamiento igual.

El flujo de pensamientos idénticos se compara tradicionalmente al flujo del aceite que, al caer, parece estar suspendido en el aire, de alguna manera.

Parece estar perfectamente quieto, aunque el aceite cayendo está en constante movimiento.

El flujo perfectamente uniforme de pensamientos en la meditación yóguica se experimenta como un estado de inmovilidad, un estado de completa quietud.

Hay otro estado meditativo importante, descrito por Patanjali, que se produce por el flujo no perturbado y continuo de pensamientos dirigidos hacia el alambana, y es que se crea un samskara, una profunda impresión mental. Samskara significa literalmente surco o hendidura. Un surco o canal que se crea en tu mente para que tus pensamientos fluyan, dirigidos hacia el objeto de meditación elegido.

La práctica larga e intensa de la meditación yóguica, con el tiempo puede formar un profundo surco mental, un samskara¸ que ayuda a acondicionar tu mente, a canalizar o dirigir tus pensamientos hacia el alambana.

 El condicionamiento se consigue fácilmente a través de la práctica de mantra japa, la repetición mental de un mantra. Mantra japa es la forma más utilizada de meditación yóguica, porque es fácil de aprender y, sin embargo, es una técnica extremadamente poderosa.

Con tiempo y práctica finalmente puedes crear un profundo samskara que firmemente condiciona tu mente al mantra, de manera que cuando meditas, el mantra continuará haciendo eco en tu mente repetidamente, espontáneamente, sin ningún esfuerzo por tu parte. Con ese condicionamiento, tu mente no divagará, y la meditación se convierte en algo que no requiere esfuerzo.

Y esto es importante, porque el continuo esfuerzo tiene la desafortunada consecuencia de impedirte llegar a estados más profundos de meditación, impidiéndote alcanzar el último estado de samadhi. Un profundo samskara   puede mantener tu mente firmemente condicionada en tu mantra, permitiéndote permanecer completamente absorto en samadhi.

 Una técnica avanzada consiste en aumentar gradualmente el espacio entre mantras, lo que permite permanecer en un estado de silencio perfecto por segundos o minutos.

Aunque el mero silencio no es el objetivo de la meditación yóguica, este silencio puede darte la posibilidad de explorar la naturaleza de la consciencia que revela o ilumina las actividades de la mente.

Resumen muy abreviado del vídeo:

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