Por Anantanand Rambachan

*Publicada en la revista https://swarajyamag.com/
Obituary – Swami Dayananda Saraswati (1930-2015)
Pocos maestros han cumplido con las obligaciones de su tradición como Swami Dayananda Saraswati lo hizo. Él ha dejado nuestro mundo más rico en maestros.
En 1973, después de graduarme en la Universidad de West Indies, hice un largo viaje desde mi casa en Trinidad para estudiar en el Sanddepany Sadhanalaya, el asrama, en Mumbai, India, fundado por Swami Chinmayananda (1916-1993). Ésta fue mi primera visita a la India, el lugar de nacimiento de mis ancestros hindúes. Era un tiempo en que pocos en mi país viajaban a la India.
Era un adolescente cuando Swami Chinmayananda visitó por primera vez Trinidad, en 1965 y yo ávidamente leí sus escritos que estaban disponibles. En 1969, le escribí pidiéndole permiso para unirme a su asrama Su sabio consejo, después de regañarme por mi carta sin fecha, fue que completara mi educación universitaria antes de ir a Sandeepany. En 1973, Sandeepany Sadhanalaya lanzó su primer curso intensivo plurianual sobre vedanta y sánscrito. Por entonces, había cumplido el consejo de Swamiji y fui aceptado como su estudiante.
Mumbai estaba anegada por las lluvias monzónicas cuando viajé desde el aeropuerto a Sandeepany. Fui presentado a Swami Dayananda Saraswati, quien supe que era el principal acarya y el diseñador del curso de estudio que iba a seguir.
Cuando llegué a Sandeepany, descubrí que el curso ya había comenzado. Swamiji, de hecho, había completado sus enseñanzas sobre uno de los textos fundacionales, el Tattvaboda de Sankara. Tattvabodha ofrece concisas definiciones de los principales términos y conceptos de vedanta, y es un preliminar necesario para un estudio más profundo.
Dándose cuenta de que tendría una desventaja de aprendizaje en las clases sobre los Upanisads, Swamiji se ofreció a enseñar el texto de nuevo y lo hizo en sesiones privadas en su kutir. Aunque recientemente había finalizado el texto, su enseñanza fue paciente y completa. Esos eran rasgos de su forma de enseñar que nunca flaqueaban. Nunca había signos de impaciencia o hastío.
Ésta fue mi primera e indeleble experiencia de quien se convertiría en el maestro que más me ha influido en la vida. Durante los siguientes tres años, con raras interrupciones, me senté a sus pies estudiando los Upanisads y el Bhagavad Gita con los comentarios de Sankara.
Cuando Swamiji estuvo preparado para comenzar la enseñanza del Bhagavad Gita, quiso una localización en la que los propios antiguos rishis enseñaron y donde sus recuerdos estaban todavía vivos. Nos llevó a todos a Purana Jhadi en Rishikesh.
No había alojamiento en Purana Jhadi. Swamiji tenía una minúscula casa de campo de una habitación, así que estuvimos en las espartanas habitaciones del Andhra Ashram. Por las mañanas temprano y al final de las tardes, nos sentábamos fuera, en las orillas del Ganga, respirando el aire frio y escuchando su meticulosa exposición verso a verso del Bhagavad Gita.
El Ganga rugía incesantemente al fondo y Swamiji con frecuencia hablaba de él como símbolo del sampradaya o flujo de conocimiento. Swamiji se deleitaba con el entorno ascético, sencillo y sin trabas de Purana Jhadi. Parecía un perfecto escenario, el Ganga cantando y el silencioso Himalaya, para que Swamiji hiciera lo que él amaba más que nada – enseñar.
No es sorprendente que Swamiji eligiera Rishikesh, un espacio sagrado donde vivió como estudiante y como maestro, para que fuera el sitio de su mahasamadhi.
Swami Dayananda Saraswati fue un ser humano en gran medida dotado y esos dones encontraron una fructífera expresión en una variedad de logros e iniciativas. Una adecuada y detallada valoración de su legado es una tarea necesaria para los eruditos de la religión en el futuro. Para sus estudiantes, a lo largo del mundo, sin embargo, el corazón de su legado no está en disputa. Ellos lo han descubierto en sus extraordinarios dones como maestro de vedanta; ésta es la imagen que está amorosa y agradecidamente viva en sus corazones.
En el corazón de la pasión y la creatividad de Swamiji como maestro estaba su compromiso fundacional con los Vedas (sruti) como una fuente válida de conocimiento (pramana).
La comprensión de los Vedas como un pramana, aunque central en la metodología del maestro clásico, Sankara, no le llegó fácil a Swamiji. Con frecuencia nos hablada de sus tempranos retos como estudiante de vedanta antes de comprender los Vedas como un pramana. Sus estudiantes, decía, «no conocen la magnitud del descubrimiento de los Vedas como un pramana. No sufrirían como yo lo hice.»
Él atribuyó esta comprensión transformativa a la enseñanza de un samnyasin, de habla telugu, Swami Pranavananda. A través de las enseñanzas de Swami Pranavananda, Swamiji comenzó a ver el vedanta como un medio de conocimiento directo para conocer la verdad de uno mismo, igual que los ojos sirven como un instrumento de conocimiento de las formas y los colores. «Eso fue suficiente para mí» decía Swamiji. Nunca miré hacia atrás. Había estudiado los Upanisads – Vedanta. Así, lo que necesitaba era sólo reorganizar – mirar a los Upanisads, la completa enseñanza a la luz de pramanam.
Cualquier descripción de la hábil enseñanza de Swamiji está incompleta sin comprender este hecho. Aquí es donde siempre comenzaba su despliegue de la visión del vedanta. El problema humano, como Swamiji incansablemente enseñaba, es la incorrecta comprensión de la naturaleza de uno mismo, que es plena y completa, pero que, erróneamente, consideramos incompleta y deficiente. La ignorancia es despejada sólo por el conocimiento y el conocimiento debe derivarse de una fuente válida.
El veda-pramana consiste en palabras. El potencial de esas palabras para despejar la ignorancia depende de su manejo por un hábil maestro. Swamiji incluyó en sus enseñanzas una profunda comprensión de las posibilidades y límites del lenguaje. Procuraba un meticuloso cuidado en la elección de palabras y las utilizaba con maravillosa destreza y profundidad para instruir acerca de aquello: «de lo que todas las palabras, junto con la mente, se apartan al no haber logrado aprehenderlo» (Taittiriya Upanisad).
Conocía bien los peligros de la indisciplina lingüística y la imprecisión al hablar de brahman y buscaba siempre utilizar las palabras con precaución y consistencia. Era fresco y sobrio en su enseñanza. Las palabras pueden liberar y las palabras pueden aprisionar; aprovechó hábilmente el potencial liberador de las palabras de los Upanisads y enseñó a sus estudiantes a hacer lo mismo.
Como maestro, la atención de Swamiji estaba inquebrantablemente centrada en el propósito final de su enseñanza: la liberación del estudiante sentado a sus pies. Hizo de moksha un fin que es, muy frecuentemente, revestido de misterio, e hizo de lo que parece remoto y difícil, algo real y accesible.
Universalizó el problema humano como un sentimiento de inadecuación e incompletitud, convirtiéndolo en lo que es validado por la experiencia de cada ser humano. Presentó moksha como la liberación de la inadecuación que se obtiene a través de la comprensión de una enseñanza que disipa la ignorancia.
Nos permitió ver que, el ser pleno en que queremos convertirnos está inmediatamente y siempre disponible. La presentación del problema humano y su resolución en esos términos significa que el vedanta pramana¸ trata de un problema humano reconocible.
Como maestro, Swamiji, claramente, quería presentar el vedanta pramana de una manera que superara la alienación cultural o religiosa y lo hiciera accesible y relevante para un problema reconocible. Recuerdo que, en cada clase, en un momento u otro, impartía la visión del vedanta en su totalidad. Transmitir la visión del conjunto de esta manera no es un logro pequeño para un maestro, y Swamiji siempre lo hacía con una irresistible relevancia, encanto e intimidad.
Una de las más elocuentes declaraciones sobre el impacto de Swamiji y su efectividad como maestro es su habilidad de alimentar y producir maestros capaces. Se percibía a sí mismo como perteneciente a un antiguo linaje (sampradava) de maestros y estudiantes. Este linaje tenía tanto una enseñanza para transmitir como una metodología distintiva para asegurar una adecuada transmisión y continuidad.
Cumplió su deuda con esta tradición a través de su propio sincero estudio, su compromiso con la enseñanza y la fundación del Arsha Vidya Gurukulam como un lugar de enseñanza y aprendizaje. Pocos maestros han cumplido sus obligaciones con su tradición como Swamiji lo hizo. Él ha dejado nuestro mundo más rico en maestros, monásticos y laicos, que contribuirán a la vitalidad de esta tradición y a producir nuevos maestros.
La enseñanza de Swamiji era esencialmente una invitación a la indagación. Uno no puede probar que el Vedanta, como una válida fuente de conocimiento, funciona a menos que esté dispuesto a intentarlo exponiéndose a un maestro cualificado. Como maestro, nunca pidió que sus estudiantes asintieran a nada a priori. Todo lo que pedía era una voluntad para probar la enseñanza con una mente abierta. Uno debe estar deseoso de suspender los juicios sobre el pramana hasta tener la oportunidad de probarlo por sí mismo.
Cuando visité a Swamiji la última vez, en diciembre de 2014, cuarenta y un años después de la primera vez que nos encontramos, su salud fallaba y su cuerpo era frágil. Cada tarde, sin embargo, unos pocos nos sentábamos alrededor de él, en la sala de conferencias, para escuchar la transcripción de sus conferencias sobre el Taittiriya Upanisad. Entre periodos de escucha, lo apoyábamos para que hiciera ejercicio, andando alrededor de la habitación. Estaba atento a cada palabra, ocasionalmente corregía la transcripción, asegurándose de que su significado fuera comunicado adecuadamente. Sus ojos y su cara se encendían cada vez que un pasaje del comentario de Sankara era citado. Disfrutaba con la claridad y la lógica del argumento. El compromiso con el veda-pramana fue el comienzo y fin de su propia comprensión como un maestro.
Una noche, al final de la sesión, se volvió hacia mí y dijo unas palabras que nunca he olvidado: “sastrapramana funciona.”
Jaya Gurudeva
Anantanand Rambachan, Profesor emérito de Religión
Saint Olaf College, Minnesota, USA.
*traducida al español con autorización del autor